Londres 2012: LO QUE EL COI SE NIEGA A RECORDAR!!!!!!!!!

Hoy es la inauguración de los Juegos, pero pese a que pasan los años nunca se recuerda lo que sucedió en Munich 1972 en cual terroristas palestinos asesinaron a dos atletas israelíes y secuestraron a otros nueve, pidiendo la liberación de presos palestinos.

El 4 de septiembre, los atletas israelíes habían estado disfrutando de una salida nocturna por la ciudad, antes de regresar a la villa olímpica. Hacia las 4:40 del día 5, mientras los deportistas dormían, ocho miembros del grupo terrorista palestino Septiembre Negro, vestidos con chandal y llevando pistolas y granadas en bolsas de deporte, escalaban la verja de dos metros que rodeaba el complejo. Fueron ayudados por deportistas del equipo estadounidense que desconocían su verdadera identidad y que creían que, como ellos, querían acceder furtivamente a sus apartamentos tras una noche de diversión.

El entrenador del equipo de lucha, Moshé Weinberg, de 33 años, oyó un ruido tras la puerta del primer apartamento, observando que alguien abría ligeramente la puerta, se abalanzó sobre ésta dando un grito de alerta, mientras intentaba cerrarla forcejeando con los terroristas. En la confusión, nueve atletas pudieron escapar, y otros ocho se ocultaron. El luchador Joseph Romano, que en ese momento volvía de comer en un restaurante, agarró el arma a uno de los terroristas, pero resultó muerto por un disparo. Asimismo, Moshé Weinberg fue asesinado cuando intentó atacar a uno de los asaltantes con un cuchillo de fruta. Tras la muerte de éste, los terroristas tomaron como rehenes a nueve integrantes del equipo: David Berger, Ze’ev Friedman, Joseph Gottfreund, Eliezer Halfin, Andre Spitzer, Amitzur Shapira, Kehat Shorr, Mark Slavin y Yakov Springer.

El grupo exigía la liberación de 234 palestinos presos en cárceles israelíes y dos más encarcelados en Alemania, así como su traslado seguro a Egipto. La respuesta de Israel fue inmediata y contundente: no habría negociación. Las autoridades alemanas, bajo la dirección del canciller Willy Brandt y el ministro del Interior Hans-Dietrich Genscher rechazaron el ofrecimiento por parte de Israel de enviar un grupo de fuerzas especiales de su país.

El plazo para la ejecución de los deportistas pasó de tres a cinco horas tras las conversaciones llevadas a cabo por las autoridades germanas. El jefe de policía alemán Manfred Schreiber y Ahmed Touni, que encabezaba la delegación olímpica egipcia, negociaron directamente con los secuestradores ofreciéndoles una ilimitada cantidad de dinero. Los embajadores de Túnez y Libia en Alemania también ayudaron intentando ganar concesiones de los secuestradores, pero fue inútil.

Finalmente los terroristas exigieron un transporte para El Cairo. Las autoridades fingieron llegar a un acuerdo y, a las 22:10, dos helicópteros transportaron a los asaltantes y a sus rehenes a una base aérea en penumbra próxima a Fürstenfeldbruck, donde un avión Boeing 727 de Lufthansa les estaba esperando. Los secuestradores creyeron que estaban en Riem, el aeropuerto internacional cercano a Múnich. Las autoridades habían planeado un asalto sobre ellos en el aeródromo.

Cinco francotiradores alemanes fueron seleccionados para disparar a los secuestradores. Ninguno tenía una preparación especial en este tipo de acciones y fueron elegidos porque practicaban el tiro de forma competitiva los fines de semana (posteriormente uno de ellos reconocería que no se consideraba un tirador de élite). En los 75 minutos que pasarían antes del fatal desenlace, las autoridades policiales germanas solicitaron tardíamente tanquetas, las cuales tardarían 30 minutos en llegar debido al denso tráfico.

Los helicópteros aterrizaron a las 22:30 en el aeropuerto. A las 23:03, dos terroristas bajaron de los aparatos, caminaron hacia el avión y se volvieron. Seguidamente, otros dos descendieron empujando a dos de los rehenes, quienes llevaban sus manos atadas a la espalda. Viendo que el avión estaba vacío y sabiéndose engañados, los terroristas regresaron precipitadamente hacia los helicópteros. En ese momento el aeropuerto fue súbitamente iluminado con bengalas y focos y las autoridades alemanas dieron la orden de abrir fuego.

Los cinco tiradores emboscados no disponían de radios para coordinar su fuego, y carecían de rifles de precisión y de teleobjetivos o dispositivos de visión nocturna. En el caos que sobrevino, dos secuestradores que estaban cerca de uno de los pilotos fueron eliminados. Otros tres terroristas se parapetaron detrás de los helicópteros, fuera del alcance de las luces, y comenzaron a disparar. Uno de los policías que estaba en la torre de control murió al alcanzarle una de las balas. Los pilotos del helicóptero lograron escapar, no así los rehenes, quienes permanecían atados brazos en alto al techo en el interior del aparato.

A media noche, se exigió a los secuestradores que se rindieran. Cuatro minutos más tarde, uno de los terroristas saltó del primer helicóptero lanzando una granada a su interior, que explotó con cuatro atletas israelíes y un piloto en su interior. Antes de que el fuego de la primera explosión alcanzase el depósito de gasolina del segundo helicóptero, Luttif Afif y otro secuestrador salieron del aparato y comenzaron a disparar a la policía. Éstos respondieron a los disparos, abatiendo a ambos. Los rehenes del segundo helicóptero murieron durante el tiroteo (posteriormente se señalaría que fueron ametrallados por un tercer asaltante). Los tres terroristas restantes fueron capturados.

Sorprendentemente, la competición olímpica solo se suspendió por un día, el 5 de septiembre, a pesar de que diferentes personalidades pidieron su suspensión. El presidente del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage, y otros miembros del COI decidieron que los terroristas no podían condicionar la celebración de los juegos. Al día siguiente se celebró en el estadio olímpico un memorial por los muertos al que asistieron 80.000 espectadores y 3.000 atletas. Avery Brundage no hizo ninguna referencia a los deportistas asesinados durante su discurso, en que elogiaba la fuerza del movimiento olímpico. Este hecho enojó a los israelíes y a mucha de la gente allí presente.

Como muestra de duelo, durante el acto, la bandera olímpica se izó a media asta junto con la mayoría de las banderas nacionales de los países presentes en los juegos, a excepción de los países árabes, los cuales exigieron que sus enseñas ondeasen en lo alto del mástil. Las naciones árabes de donde eran los terroristas lo veían como una claudicación frente a Israel.

El 5 de septiembre el equipo olímpico israelí anunció que abandonaba Múnich, siendo especialmente protegidos por las fuerzas de seguridad. El equipo egipcio dejó los juegos el 7 de septiembre, temiendo posibles represalias. Los familiares de las víctimas solicitaron al COI levantar un monumento permanente en memoria de los atletas fallecidos, pero éstos declinaron la petición, alegando que el hecho de hacer una referencia explícita a las víctimas podría enojar al resto de la comunidad olímpica.

El 5 de septiembre, la entonces primera ministra de Israel, Golda Meir instaba al resto de naciones a reprobar el bárbaro acto criminal. El ataque fue ampliamente condenado por todo el mundo, incluidos significativos personajes árabes como el rey Hussein I de Jordania.

Las autoridades alemanas encarcelaron a los tres terroristas supervivientes y crearon la unidad antiterrorista GSG9 para dar una respuesta contundente en futuras acciones de rescates de rehenes.

El 9 de septiembre, la fuerza aérea israelí bombardeó como respuesta las bases de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Siria y Líbano, ataque que fue reprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Asimismo, una resolución de la ONU de condena de los hechos de Múnich, amparada por los Estados Unidos, fue rechazada.

El 29 de octubre, un avión de Lufthansa fue secuestrado, exigiendo los terroristas la liberación de los tres integrantes de Septiembre Negro presos en cárceles alemanas. Sus reivindicaciones fueron atendidas por las autoridades germanas.

Los hechos acaecidos en Múnich traerían consigo una espiral de violencia por parte de Israel, con el fin de dar caza a los supuestos responsables del acto terrorista. Tras el ataque a la villa olímpica y la posterior liberación de estos tres terroristas, Golda Meir y el Comité de Defensa Israelí dieron órdenes secretas al Mossad de matar, dondequiera que se encontrasen, a los once hombres de Septiembre Negro y del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) que planificaron y organizaron la matanza de los atletas israelíes. Para ello, el servicio secreto israelí creó una unidad encubierta que sería ayudada por las células de información israelíes instaladas en Europa. Esta misión se conocería más tarde como Operación Cólera de Dios (o de Mivtzah Za’am Hael en hebreo).

Gracias a la información capturada a la OLP, y a la facilitada por los servicios de inteligencia europeos aliados, el Mossad elaboró una lista de objetivos encabezada por Wael ‘Aadel Zwaiter, un miembro sospechoso de pertenecer a Septiembre Negro y que representaba oficialmente a la OLP en Italia, quien sería asesinado el 16 de octubre. La muerte de Zwaiter fue seguida de atentados mediante cartas bomba, que no causaron víctimas mortales, contra representantes de la OLP en Argelia y Libia, contra palestinos en Bonn (Alemania) y Copenhague (Dinamarca), y contra un representante de la Cruz Roja en Estocolmo (Suecia).

El 8 de diciembre, el representante de la OLP en París (Francia), Mohammad Hamshiri fue asesinado mediante una bomba activada por control remoto, la cual estaba instalada debajo de su escritorio. En los tres meses siguientes, cuatro integrantes de la OLP y la FPLP fueron asimismo asesinados en Chipre, Grecia y París.

El 9 de abril de 1973, Israel lanza la operación Primavera de Juventud en Beirut, (Líbano). Los objetivos eran Mohammad Yusuf al-Najjar (Abu Yusuf), Kamal Adwan y Kamal Nasser, todos ellos importantes dirigentes de la OLP. Un grupo de comandos israelíes desembarcó en una desierta playa del Líbano, dirigiéndose posteriormente a Beirut, donde acabaron con la vida de los tres palestinos, cuatro civiles libaneses, tres turistas sirios, un italiano y dejando 29 personas más heridas. A continuación, explotaron el cuartel general del FPLP en la ciudad y una fábrica de explosivos de Al Fatah.

El 28 de junio de 1973, el argelino Mohammad Boudia, encargado de las operaciones de Septiembre Negro en Europa, fue asesinado mediante un coche bomba en París. El 21 de julio de 1973, tuvo lugar el conocido como asunto de Lillehammer. Un equipo de agentes del Mossad mató en Lillehammer (Noruega) a Ahmed Bouchiki, un marroquí sin relación alguna con los hechos acaecidos en Múnich, después de que un informador del Mossad le confundiera con Ali Hasan Salameh, integrante de Septiembre Negro. Cinco agentes del servicio secreto israelí, incluyendo dos mujeres, fueron capturados por las autoridades noruegas, siendo juzgados y encarcelados. Posteriormente serían liberados y expulsados a Israel.

El 22 de enero de 1979, el servicio secreto israelí daría finalmente con el paradero de Salameh, asesinándole con un coche bomba. Mohammed Daoud Oudeh alias Abu Daoud (de quien se dice que fue el que concibió la acción) murió en el Hospital Al-Andalus de Damasco (Siria), el 3 de julio de 2010 por Insuficiencia renal.

A HACER MEMORIA Y NO OLVIDAR, ALGO QUE EL COI Y EL PAÍS ORGANIZADOR, EL PAÍS DONDE SE ENCUENTRA LA SEDE, DEBERÍAN HACER EN CADA JUEGO PARA QUE NO VUELVA A SUCEDER. SI QUIEREN QUE SEA UNA CELEBRACIÓN DEPORTIVA, SE DEBE RECORDAR AQUÉL HECHO, PORQUE, D´S NO LO QUIERA, VOLVERÁ A SUCEDER. ADEMÁS, SI QUIEREN UNOS JUEGOS EN PAZ, ES LA MEJOR MANERA DE REPUDIAR LA VIOLENCIA. POR UNOS JUEGOS EN PAZ PORQUE EL TERRORISMO NO ES POLÍTICA!!!!! MIENTRAS UN HOMBRE LO RECUERDE SE HARÁ SIEMPRE LA DIFERENCIA!!!!! EN MEMORIA DE LOS ATLETAS ISRAELÍES QUE MURIERON EN MUNICH 1972 CUANDO UN GRUPO DE PALESTINOS, BAJO EL NOMBRE DE SEPTIEMBRE NEGRO, LOS SECUESTRARON EN LA VILLA OLÍMPICA Y LOS ASESINARON.

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A 30 años, Malvinas sigue presente

La Guerrade las Malvinas o Guerra del Atlántico Sur fue un conflicto armado entre la República Argentinay el Reino Unido que tuvo lugar en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur. La guerra se desarrolló entre el 2 de abril, día del desembarco argentino en las islas, y el 14 de junio de 1982, fecha de la rendición argentina, lo que conllevó la recuperación de los tres archipiélagos por parte del Reino Unido.
La causa fue la lucha por la soberanía sobre estos archipiélagos australes, tomados por la fuerza en 1833 y dominados desde entonces por el Reino Unido, algo nunca aceptado por Argentina que los sigue reclamando como parte integral e indivisible de su territorio; de hecho, considera que se encuentran ocupados ilegalmente por una potencia invasora y los incluye como parte de su Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

Tras una ocupación exitosa de las Malvinas estaba previsto recuperar militarmente también las islas Picton, Nueva y Lennox y otras hasta el Cabo de Hornos que estaban ocupadas por Chile El coste final de la guerra en vidas humanas fue de 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños.
Políticamente, en la Argentina, la derrota en el conflicto precipitó la caída de la junta militar que gobernaba el país; en el Reino Unido, por su parte, la victoria en el enfrentamiento ayudó a que el gobierno conservador de Margaret Thatcher lograra la reelección en las elecciones del año 1983. Posteriormente fue posible la firma del tratado de 1984 con Chile.
Económicamente, en otro tiempo, en las islas existían importantes puestos balleneros, pero la gradual desaparición de numerosas especies de ballenas en los mares australes y los profundos cambios en el negocio aceitero hicieron que la relevancia económica de la actividad se redujera dramáticamente. No obstante, numerosas investigaciones confirman yacimientos de crudo en la plataforma continental en la que se encuentran las Malvinas. La plataforma es, además, una rica pesquería.
Políticamente, el interés de la Argentina por el archipiélago obedece a su visión del mismo como territorio irredento.

No obstante, en la década previa al estallido de la guerra, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico consideraba más bien las Malvinas como un problema a la hora de estabilizar sus relaciones con América Latina. Pero, aunque propuso una devolución en arriendo (una soberanía de la Argentinadurante un tiempo prolongado con la expectativa de una devolución al final del mismo), los ciudadanos de las Malvinas se negaron a aceptar la propuesta.
La Operación Rosario consistía en una serie de acciones de intensidad creciente encaminadas a la recuperación argentina de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, que se conseguirían en sentido inverso (de Este a Oeste y de menor a mayor relevancia política), iniciándose de la manera más discreta posible y culminando con la toma del archipiélago de las islas Malvinas y de su capital, Puerto Argentino/Stanley, mediante un asalto directo. Tras la conquista de las islas estaba planeado ocupar militarmente las islas chilenas al sur del canal Beagle para solucionar el Conflicto del Beagle. Aquel hecho producía que Chile no apoyase a Argentina en el conflicto y sí a los británicos, a diferencia de los demás países de la región que simpatizaban con la causa del país sudamericano. El jefe de la marina de guerra argentina durante la guerra de las Malvinas Basilio Lami Dozo confirmo estos planes en una entrevista con la revista Perfil
Movimientos previos en las islas Georgias del Sur
En septiembre de 1979, el empresario argentino Constantino Davidoff, especializado en negocios con chatarra, firmó un contrato con la empresa Christian Salvensen de Edimburgo, por el cual adquirió las instalaciones balleneras abandonadas en las islas Georgias del Sur.
Davidoff gestionó en la Embajada británica de Buenos Aires el servicio del buque HMS Endurance con el fin de transportar a las islas el personal y equipos necesarios para desmantelar las instalaciones, pero como su pedido no fue aceptado, la Armada Argentina llevó a cabo la tarea.
El empresario comunicó a la Embajada británica su viaje al archipiélago de Malvinas y, en diciembre de 1981, zarpó con destino a las Georgias, a bordo del rompehielos ARA Almirante Irízar (Q-5).
Meses más tarde, el 19 de marzo de 1982, con motivo de un nuevo viaje de Davidoff al lugar, ahora en el ARA Bahía Buen Suceso (B-4), se produjo el izado de una bandera Argentina en las islas que provocó que el Ministerio de Exteriores Británico ordenase el envió del HMS Endurance con el objetivo de obligar a los operarios a arriar la bandera y evitar el desembarco del personal.
El 20 de marzo, Thatcher fue informada de lo sucedido y decidió enviar el HMS Endurance desde Puerto Stanley, con un complemento de 24 soldados de marina. Se organizó, además, una protesta diplomática en Buenos Aires.
El 21 de marzo, después de la marcha del ARA Bahía Buen Suceso (B-4) y con grupo de Davidoff en tierra para seguir con sus tareas, se solicitó al gobierno argentino desalojar a los operarios allí apostados.
Ocupación de las Georgias del Sur

El 23 de marzo, el comandante del Grupo Naval Antártico, capitán de navío César Trombetta, al mando del ARA Bahía Paraíso (B-1), recibió órdenes del Estado Mayor General Naval de dirigirse a máxima velocidad a las islas Georgias del Sur, con la misión de evitar el desalojo del grupo de obreros argentinos de Davidoff por parte del HMS Endurance, salido a tal efecto desde las islas Malvinas
El B-1, comandado por Trombetta, arribó a Puerto Leith en la noche del 24 de marzo y desembarcó un grupo de apoyo a los obreros argentinos; luego, permaneció en la zona y patrulló con sus helicópteros el área durante las horas subsiguientes, las noticias procedentes del sur dieron cuenta de un inusual movimiento de buques de guerra de la Armada Argentina en el Atlántico Sur.
El 28 de marzo de 1982 el ARA Santísima Trinidad (D-2) zarpó como buque insignia del Comandante de la Fuerza de Tareas 40, embarcando a su comandante y al Comandante del teatro de Operaciones Malvinas, General de División Osvaldo García.
El 1 de abril el Estado Mayor General Naval recibió la orden de “ocupar Grytviken y mantener Leith a fin de asegurar el dominio de las islas Georgias”, para lo que se le asignó la corbeta misilística ARA Guerrico (P-2) (actual P-32) a mando de Carlos Alfonso, y un grupo de Infantería de Marina al mando del Teniente de Navío Guillermo Luna.
Como consecuencia de lo anterior, se sucedieron una serie de reuniones y conversaciones de alto nivel mandatario a fin de evitar la acción argentina. La noche del día 1 de abril Ronald Reagan se comprometió ante Thatcher a hablar con la Junta militar para evitar el ataque. No obstante, su conversación telefónica con Galtieri fue infructuosa.
El 25 de marzo el general de división Osvaldo Jorge García, como comandante del Teatro de Operaciones Malvinas, dio órdenes de ejecutar el plan de operaciones.
El 26 de marzo, una importante fuerza naval argentina abandonó Puerto Belgrano bajo la apariencia de disponerse a realizar unas maniobras con la flota uruguaya. Sin embargo, dirigieron sus pasos hacia las islas Malvinas.
El día 30, la inteligencia británica notificó al gobernador Rex Hunt que se trataba de una amenaza real y que se esperaba la invasión para el día 2 de abril. Hunt reunió a sus pocas tropas y les encomendó la defensa de las islas. En la mañana del 1 de abril, apagaron el faro e inutilizaron el pequeño aeropuerto local y sus radiobalizas. Ese mismo día el general García, debido a las malas condiciones meteorológicas reinantes, postergó un día la operación de desembarco, fijando como día “D” al 2 de abril y como hora “H” las 06:00.
Las fuerzas británicas avanzaron rumbo a Puerto Darwin, donde se produjo la violenta batalla de Pradera del Ganso entre el 27 y el 28 de mayo. Murieron 55 argentinos. Debido al cinturon defensivo alrededor de la capital, la captura del terreno alto era vital, por lo que el general Julian Thompson se centró en la captura de los montes Kent y Challenger. Se decidió realizar un cerco al estilo tradicional, bombardeando los objetivos y realizando varios ataques aereos antes de realizar asaltos de infantería. Tras cinco días de combates entre el 10 y el 14 de junio se completó la reconquista de la capital malvinense.

Luego del juicio, vino una ley que no provee justicia

Es la ley n.º 23.521. Fue una disposición legal dictada en Argentina el 4 de junio de 1987, durante el gobierno de Raúl Alfonsín respecto de que los delitos cometidos por los miembros de las Fuerzas Armadas durante la guerra sucia y el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional no eran punibles, por haber actuado en virtud de la denominada “obediencia debida” (concepto militar según el cual los suboficiales se limitan a obeceder las órdenes emanadas de sus superiores).
Esta norma se dictó luego de los levantamientos “carapintadas”, por iniciativa del gobierno de Alfonsín, para intentar contener el descontento de la oficialidad del Ejército Argentino, eximiendo a los militares por debajo del grado de coronel, de la responsabilidad en los delitos cometidos bajo mandato castrense. De ese modo, tuvo lugar el desprocesamiento de la mayoría de los imputados en causas penales del llamado terrorismo de Estado.
Algunos de los beneficiados por la norma fueron el ex capitán de fragata Alfredo Ignacio Astiz y el general Antonio Domingo Bussi, contra los cuales existían varias pruebas de la comisión de delitos de lesa humanidad.
Las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, junto a los indultos realizados por Carlos Menem, son conocidos entre sus detractores como las leyes de impunidad.
La ley 25.779, sancionada en 2003, finalmente declaró la nulidad a la ley de Obediencia Debida, la cual por su parte ya había sido previamente derogada.

Después del proceso, el juicio a las juntas

Fue un proceso judicial realizado por la justicia civil en la Argentinaen 1985, por orden del presidente Raúl Ricardo Alfonsín,  contra las tres primeras juntas militares de la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional  debido a las graves y masivas violaciones de derechos humanos cometidas en ese período.
La sentencia condenó a algunos integrantes de las tres primeras juntas militares a severas penas. Éstos fueron indultados en 1990 por el presidente Carlos Menem. A partir de 2006 la justicia comenzó a declarar inconstitucionales los indultos decretados.
El 15 de diciembre de 1983, cinco días después de asumir como presidente, Alfonsín sancionó los decretos 157 y 158. Por el primero se ordenaba enjuiciar a los dirigentes de las organizaciones guerrilleras ERP y Montoneros; por el segundo se ordenaba procesar a las tres juntas militares que dirigieron el país desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de las Malvinas.
El mismo día creó una Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas integrada por personalidades independientes para relevar, documentar, registrar casos y pruebas de violaciones de derechos humanos y fundar así el juicio a las juntas militares. Con el fin de dar un fuerte apoyo a la investigación sobre violaciones de derechos humanos durante la dictadura, el presidente Alfonsín creó una comisión de ciudadanos notables, que llamó Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP).
Los miembros de la CONADEP recorrieron la Argentina, España, Francia, México y otros países entrevistando a eventuales testigos de violaciones de derechos humanos. Tuvo la virtud de promover la confianza para que esos testimonios salieran a la luz.
El resultado fue un cuadro aterrador que superó las peores evaluaciones previas. Fundamentalmente quedó en evidencia que las violaciones masivas de derechos humanos fueron ejecutadas sistemáticamente obedeciendo a un plan decidido en los niveles más altos del gobierno militar.
La comisión trabajó nueve meses y elaboró un informe de 50.000 páginas que está considerado como un monumento jurídico y uno de los documentos más importantes de la historia de los derechos humanos.
La CONADEP documentó acabadamente alrededor de 9.000 casos concretos de violaciones de derechos humanos. Por su seriedad y neutralidad, el Informe Nunca Más no sólo constituyó una prueba fundamental en el Juicio contra las Juntas, sino que produjo un impacto cultural de enorme magnitud en la sociedad argentina.
El 20 de septiembre de 1984, la CONADEP produjo su famoso informe titulado Nunca Más y sus miembros concurrieron a entregarlo al presidente Alfonsín a la Casa Rosada acompañados de una multitud de 70.000 personas
Luego de la sanción del Decreto 158/83, las juntas militares comenzaron a ser enjuiciadas por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas el 28 de diciembre de 1983, debido a que en ese momento las leyes vigentes establecían que los militares sólo podían ser enjuiciados por tribunales militares, sin importar el delito cometido.
Las demoras y la falta de voluntad en las Fuerzas Armadas para enjuiciar realmente a los jefes militares se hizo evidente desde un comienzo. El 13 de febrero de 1984 el Congreso sancionóla Ley 23.049 de reforma del Código de Justicia Militar estableciendo que la justicia militar sólo atendería delitos de tipo militar. Cualquier otro delito cometido por un militar debía ser atendido por la justicia civil.

Además, se estableció que las sentencias de los tribunales militares podían ser apeladas ante la Cámara Federaly que si el juicio se demoraba injustificadamente, la Cámara Federalpodía hacerse cargo directamente de la causa.
El 11 de julio de 1984 la Cámara Federal le indicó al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que investigara si hubo un método en la violación de derechos humanos y si ello pudo haber sido responsabilidad de los miembros de las juntas militares y que le informara en 30 días. Ante la inmovilidad del tribunal militar, el 22 de agosto la Cámara Federal le concedió una ampliación del plazo por 30 días más.
Los integrantes de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal que juzgó a las Juntas Militares fueron Jorge Torlasco, Ricardo Gil Lavedra, León Carlos Arslanián, Jorge Valerga Araoz, Guillermo Ledesma y Andrés J. D’Alessio. Durante el juicio, los jueces rotaron cada semana en la presidencia del tribunal.
Debido a que la cantidad de delitos sobre los que existían constancias superaban los diez mil, el fiscal Strassera tomó la decisión de recurrir a un mecanismo utilizado por el Consejo Europeo de Derechos Humanos, sobre la base de casos paradigmáticos. La fiscalía presentó entonces 709 casos, de los cuales el tribunal decidió examinar 280.
Entre el 22 de abril y el 14 de agosto de 1985 se realizó la audiencia pública. En ella declararon 833 personas. Las atrocidades que revelaron muchos de esos testimonios sacudieron hondamente la conciencia de la opinión pública argentina y mundial.
Entre el 11 y el 18 de septiembre de 1985 el fiscal Julio César Strassera realizó el alegato de la fiscalía, que luego ha sido considerado como una pieza histórica. La fiscalía consideraba que la responsabilidad por cada delito debía ser compartida por los miembros de cada junta a la que se le había probado participación. Finalmente el tribunal no aceptó este criterio, sosteniendo que las responsabilidades debían ser asignadas por cada fuerza armada, lo que produjo una considerable reducción de las penas para los miembros de la Fuerza Aérea.
Los miembros de la última junta y el último presidente fueron procesados por la redacción del llamado Documento Final sobre la Lucha contra la Subversión y el Terrorismo y la sanción de una ley de auto amnistía. La razón jurídica utilizada para abrir este juicio fue que con ese acto se encubrió el secuestro de niños.
El 29 de diciembre de 1990, en el marco de una serie de indultos relacionados conla Guerra sucia en Argentina, el presidente Carlos Menem sancionó el Decreto 2741/90 indultando a los ex miembros de las juntas militares condenados en 1985.

El deporte, uno de los métodos de la dictadura para esconder sus horrores

Durante los seis años que estuvieron los militares, el deporte, más precisamente el fútbol, fue una excusa para ocultar el terrorismo de estado y las desapariciones. El ejemplo más simple fue el Mundial 1978, aunque Argentina fue seleccionada como sede mucho antes de  que la junta militar tomara el poder.

Tanto Holanda como Francia encabezaron la campaña para boicotear el Mundial, iniciado por el organismo de derechos humanos y agrupaciones de izquierda, creando el Comité Organizador de Boicot contra argentina (El presidente fue el periodista francés Fracois Geze).  Las revistas de Editorial Atlántida lideraban las campañas a favor de la dictadura. La revista Para Ti regalaba postales, a sus lectores, para que se las enviaran a los políticos y organizaciones que protestaban por las violaciones de los derechos humanos. Mientras desaparecia el periodista Julian Delgado, en plena competencia, Bernado Neustadt, en aquel entonces un periodista político muy reconocido, alababa a Jorge Videla  desde la revista Gente. Jose María Muñoz, el encargado de relatar los partidos de la selección, victoreaba a idolatraba al presidente de facto cuando este último le entregaba la copa a Daniel Passarella.

la onceava Copa Mundial de Fútbol se desarrolló en Argentina, entre el 1 y el 25 de junio de 1978.La Copadel Mundo volvía así a Sudamérica por primera vez desde 1962. El torneo fue disputado en 6 estadios, repartidos en las ciudades de Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata, Córdoba y Mendoza.

La mascota de este mundial fue Gauchito y la pelota oficial sufrió un cambio revolucionario con la aparición dela Adidas Tango.Esta pelota se convirtió un clásico del diseño que iba a perdurar durante cinco mundiales, y contaba con mayor impermeabilización que los diseños anteriores.

En el torneo, no participó la estrella holandesa Johan Cruyff, pero sí lo hicieron consagrados futbolistas internacionales de la época como Johan Neeskens, Teófilo Cubillas, Zico, Dino Zoff y Mario Kempes, además de Michel Platini, Karl-Heinz Rummenigge y Paolo Rossi, entre otros jóvenes valores destacados.

Se jugó con el mismo sistema de eliminación que en Alemania Federal 1974: una primera ronda con cuatro grupos clasificatorios, donde los dos primeros de cada uno clasificaron a la segunda fase, en la que se definieron los dos finalistas. La gran final se jugó entre los Países Bajos, ganadores del Grupo A, y Argentina, que clasificó ganando el Grupo B. Fue un partido muy disputado en que los equipos debieron ir a tiempo suplementario, ya que en los 90 minutos habían empatado 1:1. Finalmente, con goles de Mario Kempes y Daniel Bertoni la selección albiceleste se impuso por 3:1, levantando la copa por primera vez, luego de que se le había escapado en la Copa Mundial de Fútbol de 1930, al perder por 4 a 2 en la final, ante Uruguay.

¿Qué hubiera sucedido si, en los últimos minutos de que terminara el encuentro, Rob Rensenbrink, el delantero de la Naranja Mecánica, convertía aquel remate que en realidad pegó en un poste y Holanda ganaba 2 a 1? Ni la junta militar podría haberlo impedido. “Los argentinos somos derechos y humanos”, se decía por entonces. Tiempos que las crónicas confundían a Kempes con Videla. El primero pasó a la historia del fútbol argentino como El Matador y el segundo fue condenado por la justicia por ser un asesino.

La última dictadura militar

El 24 de Marzo de hace 36 años atrás, Los militares derrocaron a María Estela Martínez de Perón. De esta manera, comenzaba un período al cual la junta militar, la cual estableció una dictadura de 6 años, denominó Proceso de Reorganización Nacional. Esto consistió en un Terrorismo de Estado que se caracterizó en violar masivamente los derechos humanos y se produjeron treinta mil desaparecidos.

El gobierno de Isabel Perón ya estaba deteriorado. En 1975, hubo alrededor de 860 muertos por causas políticas y la inflación alcanzo el 330 por ciento. En ese momento, el país tenía cuatro ministros. Uno  de ellos el ministro de economía Rodrigo implementó una serie de medidas que desataron una inflación. Fue el famoso Rodrigazo. En Tucumán, cayó un avión que llevaba soldados para en  frenar  la guerrilla  local  y estos derriban un Hércules C-130. Montoneros intentaron atacar un regimiento de Formosa y no tuvieron éxito. Hubo  muchos más acciones de violencia que se fueron sumando al descontento social. Además,  la presidenta pidió licencia por salud. El 7 de octubre, firmó un decreto que dejaba a cargo  a las Fuerzas Armadas del cuidado interno y la lucha contra la subversión. Esto les sirvió para ampararse y justificarse después en su accionar contra las organizaciones guerrilleras. La sociedad estaba harta de violencia de problemas económicos y se extendió un reclamo de orden en todos los sectores. En ese marco tuvo lugar el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 sin reacciones populares de importancia.

El 24 de marzo de 1976, Isabel Perón fue detenida y trasladada a Neuquén. La Juntade Comandantes asumió el poder, integrada por el Teniente Gral. Jorge Rafael Videla, el Almirante Eduardo Emilio Massera y el Brigadier Gral. Orlando R. Agosti. Designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla. Dispuso que la Armada, el Ejército y la Fuerza Aéreaformaran el  gobierno con igual participación. Comenzó el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”.
José Martínez de Hoz fue designado ministro de Economía y, el 2 de abril, anunció su plan para contener la inflación, detener la especulación y estimular las inversiones extranjeras.
La gestión de Martínez de Hoz, en el contexto de la dictadura en que se desenvolvió, fue totalmente coherente con los objetivos que los militares se propusieron.
Durante este período, la deuda empresaria y las deudas externas pública y privada se duplicaron. La deuda privada pronto se estatizó, cercenando aún más la capacidad de regulación estatal.
Con ese clima económico, la Junta Militar impuso el terrorismo de Estado que, fuera de enfrentar las acciones guerrilleras, desarrolló un proyecto planificado, dirigido a destruir toda forma de participación popular. El régimen militar puso en marcha una represión implacable sobre todas las fuerzas democráticas: políticas, sociales y sindicales, con el objetivo de someter a la población mediante el terror de Estado para instaurar terror en la población y así imponer el “orden”, sin ninguna voz disidente. Se inauguró el proceso autoritario más sangriento que registra la historia de nuestro país. Estudiantes, sindicalistas, intelectuales, profesionales y otros fueron secuestrados, asesinados y “desaparecieron”. Mientras tanto, mucha gente se exilió

El 24 de marzo de 1976, el Diario Clarín tituló en su segunda edición: “Nuevo gobierno.” Más abajo Clarín escribió el comunicado de la junta militar hacia el pueblo argentino. Crónica por su parte escribió: “Videla asumió la presidencia.” En la bajada comentó: “Breve y Austero juraron también como ministros.” De costado puso otra noticia: “Asesinaron a un alto jefe de la federal.” Abajo tituló: “Habrían detenido a Herreras y a Miguel.”

Al día siguiente el diario Clarín publicó: “Total normalidad” luego siguió: “Las fuerzas armadas ejercen el gobierno”. Más abajo escribió: “juraron ayer los miembros dela Juntade Comandantes. Nombraron al gabinete y a los interventores provinciales. Fueron suspendidas las actividades políticas y gremiales. Intervinieron ala CGT,la CGEyla Cruzada Justicialista.Se mantiene el asueto bancario y educativo.” En su siguiente edición tituló: “Videla Asume el lunes la presidencia.”

El sábado 27 el diarioLa Opiniónescribió: “Asumirá el alto cargo el lunes próximo, retiendo la jefatura del ejército.” Luego tituló: “El General Videla fue designado presidente.” Esta noticia explica cuando asumió Videla el cargo y relata la vida del Teniente General. Además hay adjunta una foto de Videla. Más abajo, el diario publicó: “Clausura de un diario”. La noticia decía: “la intervención militar en la provincia de Salta dispuso ayer la clausura del diario El Integrante ante la publicación de una nota acompañada de una caricatura de que fue considerada como menoscabo de la autoridad militar. La clausura tuvo su origen en un comentario de la columna “Charlas de Café”, referido a las autoridades castrenses del ámbito provincial. La caricatura aludía al titular del Bienestar de la provincia.”